martes, 29 de abril de 2008

los vericuetos del cerro, y su boscosidad anodina, no impiden que me imagine a los desesperados fornicantes que pululan detras de cada matojo, su ya inveterada condición de vespasiano metropolitano, los ratones y rateros, y los turistas que no sé que ven. En fin, recuerdo el poema de kavafis que se llama la ventana, y que no entendía cuando chico, y vuelvo a mis tristes escritos, más oscuro que hace un rato.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

relatas como si estuvieras mirando desde una ventana hacia afuera

Anónimo dijo...

y al mirar por la ventana descubres que estabas buscando alguien