viernes, 27 de junio de 2008

No se donde chucha se quedaron mis esperanzas, es decir, he perdido todo, cosa que me enorgullece. Puedo ser feliz sin nada, por la mera circunstancia de estar irremediablemente vivo y sin ninguna posibilidad de suicidarme por el momento -tengo muchas obligaciones-, lo que no significa que en este momento específico me sienta bien. La verdad es que me siento como las hueas. Joaquin E. B. decía que los chilenos eramos tristes y ambiciosos -lo lei en el diario hoy- y en lo que a mi respecta puedo estar de acuerdo con lo primero. No tengo ambiciones de ninguna especie. Y aonde los chilenos tendríamos que tener pasta pa ser felices. Poca plata, mala educación, malas amantes, smog, mugre y un largo etc. No tenemos ni una piedra para recostar la cabeza. No se puede ser feliz en estas condiciones. Ser feliz equivale a claudicar como he hecho yo, aunque claudicar tampoco asegura el resultado.

Yo de sólo imaginarme al projimo me pongo a llorar. Ya ni siquiera me sorprende la manga de idotas, bien o mal intencionados, que deambulan por las calles, pensando en que son algo muy distinto. No veo nada que justifique tanto derroche de caras y potos y pelos raros. Milagro insondable de la reproducción sexual, que nos da la ilusión de la identidad irrepetible. Falso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

saber que vamos a morir y poder vivir feliz con ello

Lluvia dijo...

Totalmente de acuerdo en todo!...
Lo único que agregaría es que creo que uno no se mata, además de por las obligaciones, porque da pereza hacerlo. Aquel que se entrega realmente no ve el suicidio como una opción, porque constituiría en sí una especie de "última resistencia" que termina siendo absurda.